El cereal se tiende entre los besos de las amapolas
y se yergue de nuevo desapasionadamente hacia la tosca primavera.
Aquí llueve sobre las cabezas gachas
sobre los tallos y los troncos que se quiebran
sobre las minas de tungsteno y los lavaderos de titanio
que perfumaron vuestras armas.
Aquí escampa sobre las cabezas gachas
que solo se levantan ante la promesa de la mirada del imperio
intermitente y sin enfocarse, se agosta sin desgastarse.
Como se derramó sin querer sobre Albania y Grecia
como elige la mirada entre las anémonas del jardín atlántico aquella sobre la que derramarse.
Pacificación de las fronteras bárbaras
caravanas de trigo
velas infladas por la alegría del vino.
De nuevo los metales
botín y corona invicta de los generales muertos
en el casi verano de la Historia.
Allí se reúnen los tribunales de las tribus
en las galerías del arte del agua
hornacinas de la victoria vacía
bastas columnas del templo para ecos del culto de Dios cruel
faro del fin del mundo que alumbra al primer reino de Europa.
Si no puede nacer de este seno un emperador
si no puede un beso rojo prender una estrella en esta frente
rojas serán las páginas mutiladas de este breve bosque.