L'Étranger

 Para las manos amorosas del extranjero, 
para J.  


espada al sur del mundo
espada en llamas que no queman
espada roma que riela clavada en el caudal

te ha abrazado el mismo río ya dos veces
el mismo en cuya orilla brindó la tórtola a la salud de Heráclito

la paloma que nació torcaz con su collar de perlas negras
ha volado no más lejos que el hilo de vida de una araña
-no como la golondrina- 

¿por qué sino iba ofrecer su cuello de tal forma cuando sale
de la fronda con pilares espinosos y suelo de enmoquetado mudo?

sale a la plaza a beber del agua que se aburre en la fuente
y no de la del reguero de plata vieja que le devuelve la mueca del que la amarra

¿por qué iba a prolongar su genuflexión sobre el borde de piedra sino por la promesa
- no de la espada 
cualquiera
que venga -
sino de escuchar la risa de los eslabones de nácar maldito al dar volteretas por el ágora
como niñas sin miedo a desconcharse las rótulas?

¿por qué sino por la esperanza de que el tiempo anide como el sol gris de noviembre en Argel
o en un lugar desde el que escuche 
esa carcajada meliflua - muy pública - que rueda por el foro
veloz
más que su propia cabeza 
ya liberada?

manos que blandisteis la espada con cuánta facilidad ya suelta
manos que ofrecen oro jamás profanado por ningún orfebre

cerníos 
manos
sobre el collar de la paloma

ella pestañeará plácida al oir el cierre minúsculo abrirse 
con una caricia precisamente trémula 
que ha dejado todo tras de sí
pero nunca vidas deshilachadas

 
 

quiero y temo: inmiscibles

muchos decibelios recorren esta mandíbula mía
los mastico fuerte
los mojo como pan de centeno
en aceite

una onda rabiosa mellada

es entonces la náusea un huracán en una campana
de oro picante
del que huyen los demás metales
que no se pueden llamar nobles
pero templados cuando me apuntalan: sal y sarro
en la fragua y fundidos: lágrimas y saliva