Odio a Pink Floyd, y a Bob Dylan,
y a la inmundicia que llena
la mala poesía de la onomástica,
porque toda distracción vácua,
por esa misma ausencia,
abandera, y se enraiza
a la sombra de la angustia.
Porque en lugar de por una dama de hierro
setenta horas de trabajo a la semana
un pogo con botellazo en el ojo,
me desangro en la abulia y la desidia
en un charco de orina llovida,
excrecencias de un guiñol de trapo, relleno de fajos
al que ahorcaré algún día
en el cadalso que ha ordenado construirnos.
y a la inmundicia que llena
la mala poesía de la onomástica,
porque toda distracción vácua,
por esa misma ausencia,
abandera, y se enraiza
a la sombra de la angustia.
Porque en lugar de por una dama de hierro
setenta horas de trabajo a la semana
un pogo con botellazo en el ojo,
me desangro en la abulia y la desidia
en un charco de orina llovida,
excrecencias de un guiñol de trapo, relleno de fajos
al que ahorcaré algún día
en el cadalso que ha ordenado construirnos.